a plastilina

Me escondo bajola cama

y cierro los ojos,

no deseo mirar,

ni tampoco escuchar.

Me imagino agarrada

a la atalaya,

desde ella pretendo divisar

lo que tras la torre

existe.

Me contaron

que la carretera es

de barro

y que las aceras

simulan ríos de bravas

aguas que arrastran

a su paso.

Los coches son de

plastilina y

su olor

inunda los espacios

de las casas,

penetra por las ventanas

dejando un fétido hedor

que deja atontado

a todo aquel que lo percibe.

Es el somnífero perfecto

para el pueblo.

Hace de guía;

qué camino coger,

lo que puedes y

debes sentir,

en qué gastar tu dinero.

La ciudad se ha hecho

de noche

y comienzo a descender

de la atalaya,

no he conseguido ver nada:

pequeños puntos amarillos

que parpadean sobre el negro.

Estoy en un lugar oscuro.

Tengos los ojos cerrados.

Entre mis manos, manipulo

un trozo de mi infancia,

mi casa

también huele a plastilina

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2 pensamientos en “a plastilina

  1. ¡¡A mí me fascina el olor a plastilina!! Este mes de julio estuve de monitora en un campamento urbano y pude revivir muchos de mis recuerdos infantiles, esos olores a pinturas, ceras, cartulinas ¡¡fantástico!!

    Y ahora viene lo mejor…el olor de los libros de texto 😀

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