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De reflexiones de fin de año anda la cosa. Las mías, en busca del sentido que el oficio de periodista tiene.  Y en esa búsqueda me encuentro con las palabras de Soledad Gallego-Díaz y Javier Sampedro rescatadas de El País en este blog:

La verdad en periodismo no es un concepto filosófico; es simplemente el  cumplimiento de unas normas, el seguimiento obligado, rutinario e imprescindible, de unas normas profesionales.

[…] Todos los profesionales del periodismo sabemos exactamente en qué consiste este oficio: en ver, testimoniar, preguntar y comprobar. Otra cosa es que estemos dispuestos a respetarlo.

El periodismo no tiene nada que ver con la falsificación de los hechos en beneficio de una interpretación determinada. Eso no es periodismo. No hay versiones para todos los gustos: o lo dijo o no lo dijo; o fueron cuatro o fueron tres. O se reunieron o no lo hicieron.

Uno puede opinar lo que quiera sobre unos hechos determinados, pero no cambiar esos hechos a su propia voluntad para justificar su opinión predeterminada.

Sampedro añade:

Lo que descubrió Galileo no era exacto, pero lo que sostenía el tribunal que le condenó ni siquiera pretendía serlo. La mecánica celeste no puede obtenerse sumando ambas versiones y dividiendo por dos. Y la realidad tampoco puede conocerse leyendo dos periódicos y sacando la media. Quienes corrigieron a Galileo fueron otros científicos, y lo hicieron cotejando sus teorías con el mundo de ahí fuera, como hace todos los días un periodista que merezca ese nombre. Los inquisidores se limitan a pedir perdón con cuatro siglos de retraso, y los periódicos de versión no viven tanto. 

 Yo, sin duda alguna, me quedo con esta pregunta que Dani Basteiro le hizo y la respuesta que Soledad dió:

 -¿Qué consejos darías a un aspirante a periodista, que esté en segundo o tercero de carrera?

Curiosidad. Que quiera contar las cosas y que no se las cuenten. La profesión te permite estar en los sitios, que no te lo cuenten. Después: no ser cínico. No es lo mismo la víctima que el verdugo. No es cierto que puedas recoger friamente lo que dice el director del campo de concentración y la víctima. Una cosa es que haya que respetar ciertas reglas y otra es que no tengas alma. El periodismo adquiere su máximo valor cuando sirve para dar voz al que no la tiene.

Será que necesito convencerme.

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